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NOTÍCIAS

Charco Rico: cuidar la salud mental en una comunidad rural tras el terremoto

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En el departamento colombiano del Tolima, a aproximadamente una hora y media de Ibagué, se encuentra Charco Rico, una comunidad rural donde las distancias forman parte de la vida cotidiana. Algunos estudiantes de la sede rural de la Institución Educativa San Francisco recorren hasta una hora y media caminando para llegar a clase.

Esta realidad territorial importa cuando hablamos de salud mental. El acceso a recursos y servicios no es igual en las zonas rurales y urbanas, y Colombia reconoce esta desigualdad como un desafío estructural. El Plan Nacional de Salud Rural del Ministerio de Salud y Protección Social tiene precisamente entre sus objetivos cerrar las brechas entre el campo y la ciudad y mejorar el acceso efectivo a servicios de salud de calidad en las zonas rurales y rurales dispersas.

Una realidad rural marcada por las desigualdades

Las complejas condiciones socioeconómicas forman parte de este contexto. Según datos del DANE, en 2018 la pobreza multidimensional alcanzaba el 38,6 % en los centros poblados y zonas rurales dispersas de Ibagué, frente al 13,2 % en la cabecera municipal. Se trata de un dato del conjunto de la población rural del municipio, no exclusivamente de Charco Rico, pero permite dimensionar algunas de las desigualdades territoriales que afectan a las comunidades rurales de Colombia.

En este escenario, acercar espacios de promoción del bienestar y cuidado de la salud mental adquiere especial importancia. La política nacional de salud mental de Colombia contempla precisamente la creación de entornos familiares y comunitarios protectores, el fortalecimiento de redes de apoyo, la detección temprana y la promoción del acceso oportuno a las rutas de atención.

Una comunidad afectada por el terremoto

A esta realidad se sumó una situación de emergencia.

El 10 de agosto de 2026, un sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, provocó afectaciones en 28 municipios del Tolima, principalmente en vías, viviendas e instituciones educativas.

En los primeros días posteriores al sismo, la Gobernación del Tolima informó de afectaciones en 336 sedes educativas oficiales de la zona, 18 de ellas con necesidad de intervención antes de poder volver a recibir estudiantes. Las clases presenciales llegaron a suspenderse mientras se realizaban las revisiones de seguridad.

Las consecuencias de una emergencia de tal calibre, no son únicamente materiales. La Organización Mundial de la Salud señala que las situaciones de emergencia generan sufrimiento psicológico, alteran las redes de apoyo y dificultan el acceso a servicios de salud mental. Sus recomendaciones internacionales incluyen intervenciones comunitarias de apoyo psicosocial, junto con la atención especializada cuando sea necesaria.

Abrazando la Esperanza llega a Charco Rico

En este contexto se desarrolla Abrazando la Esperanza, una estrategia de YumaKids orientada a fortalecer el cuidado de la salud mental desde la comunidad.

La sede de Charco Rico fue priorizada por la propia institución educativa debido a las afectaciones sufridas tras el sismo. YumaKids, que ya venía acompañando a esta comunidad educativa con materiales y talleres de salud mental, desarrolló una nueva jornada dirigida a estudiantes, familias y docentes centrada en el Mindcare Crisis pack.

Participaron:

  • 35 estudiantes de secundaria.
  • 20 padres y madres de familia.
  • 49 docentes de la institución.

Con los estudiantes se trabajaron diferentes herramientas de reflexión y autocuidado. Entre otras iniciativas, la Tarjeta de Mejora, en la que cada estudiante identifica una acción concreta para cuidar su salud mental, y el Círculo de Luz, un espacio de cierre basado en el compromiso, el apoyo mutuo y la solidaridad colectiva.

Las sesiones conducidas por profesionales en Salud Mental incluyeron un espacio de cuidado con las familias y trabajo con los docentes, ampliando la intervención al conjunto de la comunidad educativa.

Pese a que la jornada estuvo marcada por fuertes lluvias, la mayoría de los participantes acudió al encuentro, recorriendo largas distancias y fuera del horario lectivo. 

Para YumaKids, esta experiencia refleja una convicción: el cuidado de la salud mental también debe llegar a las comunidades rurales y tener en cuenta las condiciones concretas en las que viven.

Abrazando la Esperanza no pretende sustituir la atención especializada cuando ésta es necesaria. Busca fortalecer factores de protección, promover el autocuidado, generar espacios de escucha, reforzando las capacidades de las comunidades para afrontar situaciones de crisis.